Usar los sentidos espirituales

Carmen Briceño

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Muchas veces decimos que no vemos a Dios en nuestras vidas, que Dios no nos habla y que no sabemos cómo tener una relación con Él. El problema es que no estamos usando los sentidos espirituales en nuestro día a día. Si queremos ver cómo Dios habla en lo cotidiano tenemos que observar cómo habla en la Sagrada Escritura.

Nos dice el catecismo (párrafos 115-118) que hay que distinguir los dos sentidos de las Escrituras: el sentido literal y el sentido espiritual. El sentido literal es lo que dicen las palabras y la interpretación correcta de éstas. Pero esto no es todo. Existe un sentido espiritual, compuesto del sentido alegórico (cómo los acontecimientos encuentran su sentido en Cristo), el sentido moral (cómo nos debe llevar a actuar justamente) y el sentido anagógico (cómo podemos ver los eventos en su significación eterna y cómo nos orienta a nuestra patria celestial). Esto nos ayuda a ver la riqueza de la palabra de Dios en toda su profundidad. Es como ver con los dos ojos.

Quiero invitarlos a ver la vida cotidiana con los dos ojos. Dios nos habla en nuestro día a día de manera literal, a través de los acontecimientos que vamos viviendo, y también nos invita a ver el sentido espiritual. ¿Qué sentido tiene esta experiencia a la luz de Cristo? ¿Cómo percibo que Él está actuando en mi vida? ¿Qué me está enseñando este momento sobre cómo debo actuar moralmente? ¿Qué importancia tiene este momento con respecto a la vida eterna? Si viviéramos la vida con los dos ojos abiertos (sentido literal y espiritual), nuestra vida estaría llena de la presencia de Dios.

Hace muchos años llevamos a un grupo de jóvenes de misiones a la República Dominicana. Al regresar, nos reunimos nuevamente para intercambiar experiencias y ver cómo estaban viviendo su fe ahora que habían vuelto a casa. Me di cuenta de que, mientras estaban en las misiones, se les hacía fácil ver a Dios; sin embargo, al regresar parecía que se les había nublado la mirada.

Llevamos a los jóvenes a una caminata y les dijimos que, a medida que caminaban tenían que estar atentos a las “aplicaciones espirituales” de lo que estaban viendo. Es decir, debían preguntarse cómo las cosas que veían y hacían podían aplicarse a la vida espiritual. Después de un tiempo, una joven dijo que, al ver una flor que estaba creciendo entre dos grietas del concreto, recordaba que Dios podía hacernos florecer aún en las circunstancias más difíciles. Otra comentó que, al ver cómo nos ayudábamos a pasar por las piedras, recordaba la necesidad de tener buenos amigos que nos ayuden a superar las tentaciones en lugar de dejarnos caer en ellas. Una vez que empezaron a ver las cosas en un sentido alegórico, es decir, a ver cómo se relacionaba con Cristo, descubrieron que todo les hablaba de Dios y de la vida espiritual.

Hace poco tuve la fortuna de ayudar en un campamento de niñas de entre 11-18 años en Tennessee. Durante el día realizábamos actividades recreativas como montar caballo, hacer ziplining, practicar rafting en aguas bravas y nadar en el río, entre otras. Por la tarde teníamos adoración y charlas espirituales. Lo que me llamó la atención fue ver cómo las actividades supuestamente más “seculares” me brindaron las lecciones espirituales más profundas gracias al uso de los sentidos espirituales.

Un día tuve la oportunidad de montar a caballo. No lo hacía desde que tenía 13 años. Al subirme, debo admitir que estaba un poco intimidada, porque aquel animal era mucho más grande y fuerte que yo. Sin embargo, yo tenía que mostrar autoridad, porque, de lo contrario, el caballo me llevaría a donde él quisiera ir y no donde yo tenía que llevarlo.

Esto me hizo recordar las palabras de muchos santos que comparan las pasiones humanas con un caballo que hay que dominar. Tenemos dos opciones: o dominamos las pasiones o las pasiones nos dominan y nos llevan donde quieren. ¿Qué me iba a imaginar que podía tener una meditación profunda sobre la vida moral mientras montaba a caballo?

Finalmente, recuerdo una vez que estaba en el hospital y vi cómo el monitor mostraba los latidos del corazón subiendo y bajando. En vez de pensar en lo que literalmente me estaba mostrando el electrocardiograma, se me vino a la mente que la vida espiritual también se asemeja a los latidos del corazón.

En la vida espiritual hay muchas subidas y bajadas, pero eso es totalmente normal; de hecho, eso indica que estamos vivos. Muchos de nosotros deseamos una vida espiritual más estable, sin problemas ni caídas; pero si la línea se mantuviera plana y recta, ¡significaría que estamos muertos! Entendí que hay que aceptar las subidas y bajadas como una parte normal de la vida espiritual.

Cuando uno empieza a ver la vida no sólo en su sentido literal sino también en su sentido espiritual, comienza a ver a Dios en todo, y todo se vuelva una lección espiritual.

Les invito a vivir con los dos ojos abiertos y estar atentos a lo que Dios quiere decirles en cada momento. Así, sus vidas tendrán una riqueza espiritual que nunca antes habían experimentado.

Briceño, una virgen consagrada, se dedica a la evangelización a través del arte con su ministerio sacredprint.com.

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