Hace siglos que los cristianos cuentan el tiempo desde la Encarnación del Verbo. La primera Navidad se convirtió así en el centro de la historia, por la novedad que introdujo en el tiempo.
El tiempo se mide ahora con referencia a ese acontecimiento que llena de sentido toda la historia. Esto se refleja en la misma arquitectura sagrada: muchas catedrales tienen una piedra indicando el año de construcción junto a las letras A.D. ¿Qué palabras significan estas dos letras “A” y “D”? Anno Domini, palabras latinas, que significan “en el año del Señor”. Este detalle es muy importante porque nos permite enfocar bien el tiempo en este recién estrenado año nuevo. Veamos tres razones:
Cristo es el Señor del tiempo. Para el cristiano estas letras (A.D.) son más importantes que el año mismo en que vivimos. Todos los años de nuestra vida empiezan por A.D., porque el tiempo le pertenece. Es “el Primero y el Último, el Viviente” que vive por los siglos de los siglos, y tiene las llaves de la muerte y del abismo. Ap. 1,17-18. En la noche santa de la Vigilia de Pascua marcaremos el cirio pascual con el número 2026 como recordatorio de que este año le pertenece a Él y es con su luz que el tiempo recibe la salvación. En ocasiones nos viene el pensamiento de que “necesito tiempo para mí”. En realidad, todo el tiempo es para mí, pero no es mío. Nacemos y morimos en un año del Señor. Esto nos debe llenar de esperanza porque Dios trabaja en el tiempo para salvarnos.
Cristo nos busca en el tiempo. San Pablo lo explicaba así en Atenas la acción de Dios: “De uno solo creó el género humano para que habitara la tierra entera, determinando fijamente los tiempos y las fronteras de los lugares que habían de habitar, con el fin de que lo buscaran a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17, 26-28). Este año nuevo 2026 es un regalo para que le busquemos a Él, porque estamos de camino por este mundo. Ojalá podamos decir el 31 de diciembre que el año 2026 ha sido un tiempo de encuentro con Dios, en medio de nuestras alegrías y esperanzas, de nuestras angustias y sufrimientos.
Cristo llena de sentido mi historia. ¡Cuánto nos ayudaría recordar que todo lo que hacemos está realmente sucediendo “en el año del Señor”! Es decir, estamos llamados a tomar todas nuestras decisiones en la presencia de Dios porque Cristo ha vivido nuestra vida humana de modo real. Los misterios de su nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección nos enseñan a elegir nuestro verdadero bien y felicidad. Tener vivo el sentido de Dios en mi historia significa que medito con frecuencia en los misterios de la vida Cristo vivió en la Tierra Santa. Por ello es imposible vivir “en el año del Señor” sin que la prioridad sea “el día del Señor”. En efecto, el año del Señor se organiza con 52 Domingos. La Misa dominical marca el ritmo del tiempo para el cristiano. Ojalá que al final del año podamos contar el tiempo no por los meses o las fiestas, sino por el número de comuniones recibidas y de Misas participadas.
¿Quieres un consejo para vivir bien el año del Señor? Empieza por santificar cada semana celebrando bien el Domingo, el día del Señor. Planifica ahora cómo vivirás los tiempos de Cuaresma, Semana Santa, Pascua y Adviento hasta llegar a la próxima Navidad.
En los próximos doce meses iremos cumpliendo también un año más… o así lo esperamos. En medio de la alegría general, surge una pensamiento cierto e inquietante: ¿quién nos asegura que terminaremos el año con vida? ¿Celebraremos este año nuestro último cumpleaños? No lo sabemos, pero sí podemos vivir el año como regalo para buscarle a Él, y si este año nos llama a su presencia le pedimos a la Virgen María que salgamos a encontrarle con la vela de nuestra fe encendida. ¡Santo Año del Señor 2026!
El Padre Montero es pastor de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.



