Algunos de nosotros tenemos la inmensa suerte de ser ciudadanos de los Estados Unidos. Es un auténtico don y ser consciente de ello es algo que renovar constantemente.
Junto al don viene también la tarea de tomar en serio las responsabilidades que implica. Una de ellas es la participación en las elecciones y consultas electorales. En otras ocasiones implica ser seleccionado para ser parte de un jurado, como me sucedió hace unos años, aunque finalmente nadie me eligió para los juicios planificados. La ciudadanía establece un vínculo jurídico privilegiado entre una persona y una nación, bien sea por nacimiento, pertenencia a una familia de ciudadanos o por generación de un vínculo de residencia prolongada en la nación, junto a otros requisitos legales. Votar es propio de ciudadanos responsables que aman su patria. Sin embargo, las estadísticas muestran que muchos no ejercen este derecho y obligación.
Para los católicos hay un sacramento vinculado al testimonio público de la fe y la construcción de la iglesia, participando de su misión y construyendo el bien común de la sociedad donde uno vive. Es precisamente el sacramento de la confirmación el que capacita al cristiano para dar y darse del mismo modo de Cristo, generando una red de relaciones vivas donde la fe se vive y se comparte. Parte de la misión del confirmado es trabajar para instaurar todas las cosas en Cristo; es decir, llevar todo lo humano y a la creación misma a la plenitud querida por Dios, impulsado por el Espíritu Santo. El confirmado es ungido en la frente por el obispo precisamente porque la frente es el lugar más visible del cuerpo, junto con el rostro. El crisma es aceite perfumado consagrado por el obispo en la Misa Crismal del Jueves Santo. El Espíritu Santo capacita al confirmado para vivir y predicar la verdad del amor humano, para hacer promesas que construyan matrimonios y familias, y para traer el perdón de Dios a sus amistades y lugares donde hay fracturas que parecen irreparables.
Si unimos ambas reflexiones (sobre las obligaciones del buen ciudadano y sobre la gracia del sacramento de la confirmación) llegamos a la siguiente conclusión: el católico está llamado a construir el bien común de la sociedad por medio de su voto, movido por su fe y la verdad de Cristo para construir el bien común. Esto quiere decir que el cristiano está llamado a participar activamente en la vida pública para vivir plenamente la fe.
Votar NO a las propuestas 1 y 2 de enmienda a la Constitución de Virginia es necesario. Junto a ello, además, tenemos la guía segura del obispo, que, no lo olvidemos, es también el ministro ordinario del sacramento de la confirmación. En definitiva, votar NO es algo completamente distinto de apoyar a partidos políticos. Los bienes en juego son tan fundamentales para la construcción de la sociedad que todos los católicos, con independencia de su preferencia o afiliación política, deben estar unidos en votar NO.
Hace unos días tuvimos confirmaciones en la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbrige y precisamente por ello he ofrecido esta reflexión. A modo de resumen, diría lo siguiente:
1. Votar es propio del buen ciudadano, con el sacrificio que supone estudiar las necesidades sociales y tomar el tiempo para acudir a los lugares designados para emitir el voto.
2. Votar es propio del buen católico, convencido de que la fe tiene una expresión pública y no puede ser reducida al ámbito privado, porque el hombre es un ser sociable y la fe lleva lo humano precisamente a su plenitud (también su esfuerzo por construir la sociedad).
3. Votar NO a las propuestas de enmienda a la Constitución de Virginia números UNO y DOS, es propio del buen católico, con independencia de su afiliación política, como nos enseña y pide la iglesia por medio de nuestro obispo.
Me queda una inquietud de fondo: ¿cuántos adultos de nuestras parroquias están confirmados? ¿No será quizás necesario redescubrir que el sacramento de la confirmación es importante para tener la claridad de pensamiento y fortaleza para votar NO a estas enmiendas tan radicales como innecesarias?
Votemos NO todos juntos con una sola voz.
El Padre Montero es pastor de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.



