Comenzar el curso de la mano de Cristo

Padre Álvaro Montero

Female Teacher Helping Pupil Using Computer In Classroom

Female Teacher Helping Pupil Using Computer In Classroom

El mes de agosto arranca un nuevo año escolar. Es un momento importante para todos, no solamente para los estudiantes y sus familias. Hay alumnos de todas las edades, pero todos los cristianos somos alumnos en la escuela de Jesús.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.” (San Mateo 11:28-30) Vayamos pues de nuevo hacia Cristo al inicio del año escolar, el cual comienza un día y a una hora concreta. Mi reflexión se centra precisamente en este punto: existe un momento concreto para un nuevo inicio y crecimiento. El éxito o el fracaso están vinculados al primer día de clase, porque la gran batalla en el corazón del alumno es ser puntual y tener verdaderos deseos de aprender.

Igual ocurre en la vida cristiana y el crecimiento de nuestra amistad con Cristo. Cada día

es un nuevo inicio. Cada sacramento marca un nuevo inicio y nos indica un nuevo paso.

Ahora o nunca. La decisión no puede esperar. Tiene que ser hoy, no mañana.

Tiene ser aquí, no en otro sitio. Un buen comienzo incluye al menos tres características: 

  1. Determinación firme: esto significa mover la voluntad con decisión, abrazando con fortaleza todo aquello que vendrá en el futuro, lo bueno y lo malo, lo sencillo y lo difícil. “Señor, quiero y elijo todo aquello que tú me quieras dar o permitas en este nuevo curso. Confío en que tú siempre quieres lo mejor para mí, sin compárame con otros”.
  2. Comenzar hoy: el mañana no existe todavía y quizás nunca exista. Los sacerdotes lo sabemos bien, porque nos toca acompañar a personas cuyos familiares o amigos nunca despertaron; ya que, la muerte les sorprendió en su sueño. Así pues, la palabra clave es “hoy empiezo”. Lope de Vega, poeta español del siglo XVI, expresa la urgencia del momento presente en esta oración en forma de soneto:

“¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

Que a mi puerta, cubierto de rocío,

pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,

sí de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:

“Alma, asómate ahora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía”!

¡Y cuántas, hermosura soberana,

“Mañana le abriremos”, respondía,

para lo mismo responder mañana!”

  1. Comenzar con buena compañía, nunca en soledad. Al comenzar el nuevo curso, no basta tener una fuerte determinación para iniciar el camino, sino que es preciso ir acompañado para saber pedir ayuda en el futuro. Se trata de elegir a un amigo de quien me fío, para que me ayude a mantener el rumbo y sepa cuáles son los objetivos y las esperanzas que tengo para el nuevo curso. En la tradición cristiana esta figura corresponde al padre espiritual, cuya misión es ayudar en el seguimiento de Jesús, sin sustituir la responsabilidad de la persona, ni decidir qué pasos dar. Se trata de acompañar el camino no simplemente para afrontar los problemas que puedan surgir, sino para descubrir las luces que Dios va poniendo en el camino. No se trata de caminar rápido, sino de llegar lejos en el camino, con frutos de grandeza y santidad.

Por tanto, al igual que los estudiantes no caminan solos, sino con la ayuda de los profesores, cada uno de nosotros tenemos una nueva oportunidad de crecimiento en este curso 2026-27. ¿Cómo caminas tú en el seguimiento de Cristo Maestro? ¿Quieres de verdad seguirle más cerca? ¿Quieres empezar hoy? ¿Quién te acompañará para que puedas dar fruto de grandeza? ¿Qué vas a hacer este curso, con la ayuda de Dios?

El Padre Montero es pastor de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.

Related Articles