Evangelizar

Padre Álvaro Montero

Adobestock.

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La Iglesia existe para evangelizar. Este verbo proviene directamente de la lengua griega y significa anunciar una buena noticia. Una imagen puede ayudarnos a entender mejor el significado de esta palabra en el contexto del reciente cónclave.

Tras la muerte del Papa Francisco hemos vivido unas semanas de Sede Vacante. La cátedra de Pedro estaba vacía y eso duele al corazón de cada hijo de la Iglesia. Por ello hemos orado y crecido en la expectativa de un nuevo Santo Padre según el Corazón de Cristo. Un apóstol, padre y maestro que nos confirme en la fe apostólica.

Llegó el Cónclave y la tarde del 8 de mayo nos sorprendió con la fumata bianca saliendo de la Capilla Sixtina. La imagen del humo blanco fue anuncio de una buena noticia. Apenas una hora después, el mensaje del cardenal Protodiácono puso palabras al significado del humo: “Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam!” ¡Os anuncio una gran alegría: Tenemos Papa! El humo blanco y el cardenal anunciaron una buena noticia: Dios Padre nos ha dado un nuevo Papa, Vicario de Cristo, por el don del Espíritu Santo.

¿Qué tres características podemos entonces aplicar a la misión de la Iglesia, que existe para evangelizar?

Evangelizar es enseñar a mirar a lo alto — al Padre — pidiendo sus dones para vivir su misma vida, porque nunca nos deja solos. El cristiano es hijo, nunca huérfano, aunque a veces Dios parezca lejano o ausente. Evangelizar es enseñar a orar: “Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría” (Santa Teresa del Niño Jesús).

Evangelizar es enseñar a mirar la bondad de las cosas. Los días previos al cónclave estaban llenos de noticias, historias, dramas, apuestas, anuncios de sombras e intrigas. ¡Cuántas tensiones y presiones habrán existido! En medio del revuelo mediático llamaba la atención la serenidad de algunos cardenales ancianos y su mensaje de serenidad: sí, hay mucho en juego, pero los cardenales electores rezan, oran y se abren a la acción del Espíritu Santo que suscitará la convicción de quién es el elegido. Veamos lo bueno que Dios suscita, no fijemos la atención en lo feo y lo malo.

Evangelizar es poner a alguien en contacto con Cristo: ¿Por qué? Porque Jesús mismo es la buena noticia y es el primero que evangeliza, con su persona, palabras, obras y su Espíritu; no tan sólo sus palabras, o sus gestos. Jesús mismo es la buena noticia. Él nos llama a ser sus amigos. Evangelizar es, por tanto, enseñar a ser amigos de Cristo. Cristo es el primer evangelizador al invitarnos a ser sus amigos y revelarnos en confidencia el secreto de su corazón: el amor de Dios Padre y la vida de su Espíritu. Decía San Pablo VI: “Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un reino, el reino de Dios, tan importante que, en relación a él, todo se convierte en ‘lo demás’, que es dado por añadidura”. Evangelizar es enseñar a poner todo lo demás detrás de Cristo, nuestro primer y más verdadero amor.

San Pablo, “apóstol de los gentiles”, que tuvo una gran conversión y pasó de perseguidor de cristianos a misionero de Cristo hasta morir como mártir, lo tenía claro: “El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio”. 1Cor. 9:16-18

Pidamos a Cristo por el Papa León XIV, para que nos confirme en la fe y aliente nuestro espíritu de evangelizadores. La alegría más profunda brota siempre de un corazón entregado a la misión.

¡Dios les bendiga y haga santos!

El Padre Montero es pastor de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.

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